lunes, 20 de febrero de 2012

Brif, bruf, braf

Dos niños estaban jugando, en un tranquilo patio, a inventarse un idioma especial para poder hablar entre ellos sin que nadie más les entendiera.
-Brif, braf -dijo el primero.
-Braf, brof -respondió el segundo.
Y soltaron una carcajada.
En un balcón del primer piso había un buen viejecito leyendo el periódico, y asomada a la ventana de enfrente había una viejecita ni buena ni mala.
-¡Qué tontos son esos niños! -dijo la señora.
Pero el buen hombre no estaba de acuerdo:
-A mí no me lo parecen.
-No va a decirme que ha entendido lo que han dicho...
-Pues sí, lo he entendido todo. El primero ha dicho: [Qué bonito día]. El segundo ha contestado: [Mañana será más bonito todavía].
La señora hizo una mueca, pero no dijo nada, porque los niños se habían puesto a hablar de nuevo en su idioma.
-Marasqui, barabasqui, pipirimosqui -dijo el primero.
-Bruf -respondió el segundo.
Y de nuevo los dos se pusieron a reir.
-¡No ira a decirme que ahora también los ha entendido!... -exclamó indignada la viejecita.
-Pues ahora también lo he entendido todo -respondió sonriendo el viejecito-. El primero ha dicho: [Qué felices somos por estar en el mundo]. Y el segundo ha contestado: [El mundo es bellísimo].
-Pero ¿acaso es bonito de verdad? -insistió la viejecita.
-Brif, bruf, braf -respondió el viejecito.


Fragmento del libro "Libro de la fantasía" de Gianni Rodari.

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